Ña?

viernes, 21 de febrero de 2014

La Rosa del amor.

Eres como una rosa. Cuando voy a cogerte me pinchas, pero al menos puedo contemplar tu belleza y acariciar tus pétalos aunque eres una flor delicada, capaz de romperse al más mínimo roce. No quiero que te rompas, pero me da miedo que por defender tu belleza acabe yo hecha polvo.  Eres una rosa roja que destaca sobre un campo de monótono trigo, que rompe con todo lo establecido y que, por diferente, acabas siendo lo mejor.
Vuelo. Vuelo por el campo sin preocuparme de nada, acabo de comer y solo me apetece tomar el sol y ver mundo, soy un simple bichito en medio de un ecosistema a quien nada ni nadie presta atención. Me siento bien, libre, despreocupada, adoro revolotear entre las espigas de trigo y notar como me hacen cosquillitas en las patas. Vuelo durante un buen rato, y cuando me dispongo a buscar otro campo veo algo que me llama la atención, algo de un color llamativo, un color que nunca antes había visto, un color el cual no se parece a nada de por aquí. Me acerco y veo que se va volviendo más nítido, pero algo me dice que no debería, que eso no es seguro. Es demasiado tarde, me puede la curiosidad y soy atraída como un perro hambriento a su hueso. Me poso sobre su tallo, que maravilloso es sentir estos colores nuevos, este olor desconocido y esta belleza extraña. Quiero explorar esta rara flor pero si me muevo me pincho, es muy bonita pero sus espinas hacen mucho daño. Al final decido quedarme donde estoy, no puedo separarme de esta belleza sin igual pero no puedo moverme a explorar, así que opto por hacerme una bolita y quedarme aquí. Estoy tan anonadada que no me atrevo a salir a buscar comida o un refugio mejor por miedo a no encontrarla de nuevo, lo que acaba siendo horroroso. Al final por mi manía de no separarme de ese tallo perfecto, acabo dejando todo de lado y muriendo poco a poco. Sé que es mi perdición, sé que debo alejarme y volar lo más lejos posible de estos pétalos, pero no puedo. Acabo siendo una parte insignificante de la flor, me fundo con ella sin que siquiera se de cuenta, pasando a ser la nada del todo. Esta extraña rosa que ni siquiera sé que se llama así ni de donde saca ese llamativo color me tiene presa en sus redes cual mosca en una telaraña, la telaraña del amor.

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