Ayer me llamó un amigo, que ganas tenía de verle... Pero no fue hasta que escuché su voz otra vez cuando me di cuenta de todo lo que echaba de menos. Cuando me dijo: "Eeey, Lola" se me echó el mundo encima y me dieron ganas de abrazarle, pero no podía, así que este viernes le estrujaré entre mis brazos y le romperé un par de costillas. :)
A parte de eso, me hizo pensar. Me estoy cerrando mucho para algunas cosas, me ilusiono con nada y rápidamente me vuelvo a desilusionar con todo. No quiero que nadie se vea envuelto en esta inestabilidad. Me hace falta paciencia y cabeza fría, centrarme en las cosas que importan de verdad y dejar de lado las que no merecen la pena, pero tengo tantas cosas... Este último mes apenas he dormido, y que yo, señora koala, no pueda dormir es la primera señal de que algo gordo pasa. Que ganas tengo de solucionarlo todo y de volver a mirar a la gente con mis ojos llenos de alegría, decisión y esperanza. Pero mientras eso pasa, ni si quiera las sábanas son mis aliadas. El día que no pueda más supongo que diré adiós si nadie me lo impide, y espero poder volver unos meses después como nueva, como la Lola de hace un par de años, completamente viva.
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