Todas las noches antes de dormir barajo las cartas y escojo una al azar, pero desde hace algunos meses siempre sale la misma figura: una sota. Bien sea de bastos, de espadas oros, o copas, siempre es una sota (o más bien era). Anoche volví a remover la baraja y distraída saqué una carta, pero no me lo podía creer: un tres de espadas. Giré el papel mil veces pero sin truco alguno ahí estaba, mi tres de espadas. Pensé que algo tendría que haber salido mal y volví a probar; ocho de bastos. Esta vez con dos cartas: cinco de copas y siete de espadas. A continuación un siete de copas y un cinco de espadas y por último cuatro ases.
Necesitaba despejarme así que decidí asomarme al balcón, mala idea, y nada más salir por la puerta mi inundó un olor a nuevo, más que a nuevo a "reformado". Tras varios meses de sotas segura de mí misma aunque solitarias, me inundó un sentimiento de inseguridad mezclado con curiosidad y una pizca de deseo. El aire huele a ti. Nunca había olido a nadie en el aire a tan solo una noche de haberlo conocido, pero ahí estaba. Un olor suave y muy ligero, pero que casi se puede palpar en el ambiente. Has comenzado a romper mis esquemas, a ver hacia donde avanza esta simpática casualidad, y a ver hasta donde llega el juego de cartas en el que esta vez juegan dos.
Ña?
viernes, 4 de julio de 2014
Paseos nocturnos.
Me quito los zapatos y mis pies desnudos se apoyan en una arena fría y húmeda, puedo sentirlo: verano. Comienzo así otro de mis paseos nocturnos por la playa con la única compañía de mis cascos y de alguna gaviota desorientada. Hoy me siento bien, libre, poética, ligera como una pluma... Me detengo en mi sitio de siempre y hundo los pies en la arena para sentir el calor de la misma bajo las capas más frías. Los granos de arena de noche son como un corazón roto; la mayoría los ve ásperos y fríos y piensan que siempre es así, pero se equivocan. Hay muchas personas que tras muchos paseos por la playa, descubren que debajo de esa superficie agrietada hay un manto de arena firme y cálida.
De repente, como traída por las olas, empieza a sonar en mi oídos una canción preciosa y me acuerdo de ti y de tus reflexiones de la noche anterior. "Todo el mundo vale para la música" me decías, pero no. No todo el mundo vale para la música igual que no todo el mundo vale para hacer una buena tortilla de patatas, ni si quiera todo el mundo vale para el amor. Por lo que sé de ti, tú vales para la música y, permíteme que te lo diga, también vales para dar paseos sobre la arena fría nocturna y encontrar el calor que esta guarda. Ni si quiera sé por qué estoy pensando en ti. Una noche cualquiera de verano dos desconocidos se conocen y puede no pasar nada, o puede pasar todo. Que tonta es la mente a veces, que puede pasarse horas esperando un mensaje o una señal que ni si quiera va dirigido a ella, sino que tiene como destino el corazón o más bien su capa escondida de calor.
A veces hace falta un solo paseo para descubrir todos los rincones bonitos del mundo, y otras veces emprendemos viajes de mil kilómetros para simplemente volver al mismo sitio del que partimos sin nada nuevo encontrado.
De repente, como traída por las olas, empieza a sonar en mi oídos una canción preciosa y me acuerdo de ti y de tus reflexiones de la noche anterior. "Todo el mundo vale para la música" me decías, pero no. No todo el mundo vale para la música igual que no todo el mundo vale para hacer una buena tortilla de patatas, ni si quiera todo el mundo vale para el amor. Por lo que sé de ti, tú vales para la música y, permíteme que te lo diga, también vales para dar paseos sobre la arena fría nocturna y encontrar el calor que esta guarda. Ni si quiera sé por qué estoy pensando en ti. Una noche cualquiera de verano dos desconocidos se conocen y puede no pasar nada, o puede pasar todo. Que tonta es la mente a veces, que puede pasarse horas esperando un mensaje o una señal que ni si quiera va dirigido a ella, sino que tiene como destino el corazón o más bien su capa escondida de calor.
A veces hace falta un solo paseo para descubrir todos los rincones bonitos del mundo, y otras veces emprendemos viajes de mil kilómetros para simplemente volver al mismo sitio del que partimos sin nada nuevo encontrado.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)