Ña?

jueves, 24 de enero de 2013

La fuerza de "el mar".


Hoy me he levantado y estaba en una playa... Nada extraña, pues había estado antes allí. Tampoco me pregunté porque no estaba en mi cama al despertar de una larga noche en la que mis sueños eran más fugaces que la vida misma. No había momento para pensar, solo quería nadar. El mar me llamaba con su gracia eterna y sus olas al son de la vida de miles de seres que habitan en sus aguas... Me lancé a él. Me abandoné a sus aguas cristalinas y a su frío tacto. Solo quería nadar, nadar y fundirme con el mar, ser agua para siempre.
Nadé y nadé hasta que ya no distinguí el fondo desde la superficie, y entonces me entró la curiosidad... ¿Qué habrá más allá? Me adentré en sus aguas, y puede observar la cantidad de flora y fauna presente en las profundidades de tan bello ecosistema. Tan pronto seguía el nado de una lubina como me maravillaba con los vivos colores de algún pez payaso, pero siempre bajando, nadando hacia el fondo, ese fondo que tanta curiosidad me producía. Tenía una magia indescriptible, simplemente quería saber que había más allá. Continué sumergiéndome cada vez más hasta que todo a mi alrededor se volvió negro, y entonces pensé: ¿Es esto el fondo? ¿Esto es lo que tanto anhelaba conocer? Volví bruscamente a la realidad y me di cuenta de donde estaba. Comencé a tragar agua, la presión me impedía moverme y no controlaba mis articulaciones. Fue una manera atroz de volver a pensar mientras mi cuerpo luchaba contra la física natural por volver a tomar aire y ver tierra firme. Pero era imposible, todo era negro, ya no sabía donde estaba, ya no recordaba cómo había llegado hasta allí, los peces de colores y la gracia del mar eran solo pequeños atisbos en mi memoria de una vida ya lejana. 
Pero entonces la agonía se calmó, el dolor remitió y comencé a ascender... Subí todo lo que ya había subido, pero ya no me fijé en la belleza de mi alrededor, solo quería salir de aquella trampa cuanto antes. Salí del agua sin mucha dificultad y continué elevándome, podía volar. No era un vuelo grácil como el de las aves, ni ruidoso como el de los insectos, simplemente me elevaba hacia el azul del cielo. Miré hacia el mar una única vez, y lo vi. Era yo, era mi cuerpo flotando en sus aguas, a merced del ciclo de la vida. Me vinieron muchas preguntas a la cabeza: ¿Qué hago ahí? ¿Si yo estoy aquí arriba cómo puedo estar a la vez allí abajo? ¿Por qué puedo volar? ¿Cómo pude respirar antes bajo el mar? ¿A quién se le ocurre abandonar la seguridad de la orilla para adentrarse sin mirar atrás en un mundo lleno de peligro que no promete nada? 
Y con ese último pensamiento... Me desvanecí.

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