Este sábado me he levantado con el pie derecho, bueno... en realidad, al principio se podía decir que ni me hubiera levantado... cuarenta grados... odio la gripe, parece que en realidad estás bien, solo es un simple refriado, pero no, cualquier movimiento y ya estás sudando y tu temperatura subiendo un par de grados, por no hablar de los dolores...
Este sábado vino a visitarme mi enemiga la gripe. Por su culpa no pude casi estudiar, moverme, jugar al wow, miré mal a mis primos, a mis tíos, mi equipo tubo que entrenar sin capitana, me perdí el día se San Patricio... Eso sí, por lo menos hice algo que me encanta. Dormir, dormir casi todo el día. Y aun a pesar de todo esto, pasé una tarde maravillosa, porque al final viniste a verme.
Yo te decía que no vinieras, que no quería pegartelo, que sería un circulo vicioso, yo te lo pego a ti, cuando yo me recupere, tú me lo pegas a mí... y viceversa, pero tú seguías insistiendo... Entonces cambié de argumento, llevaba unos pelos horribles, y encima iba en pijama, pero eso a tí te daba absolutamente igual, y yo lo sabía, así que desistí pronto Pasé al argumento de que íbamos a hacer, y me dijiste que por eso no había problema, si tenía que estar en mi casa tendríamos tarde de pelis y palomitas. Al final me convenciste, viniste a verme, me pintantes la cara para celebrar el día de San Patricio y vimos la película. Me estuviste contando qué habías hecho todo el día, como iba el equipo, el entrenamiento sin su comandata, la paliza que le pegasteis a unos tramposos... todo eso entre carcajadas, porque no se como, siempre que estamos juntos, hablando del tema que sea, acabamos riéndonos. Que si hago ruiditos de animales por aquí, que si perros obesos por allá. Somos muy tontos, con mi patosidad y mi locura y tus chistes sobre cualquier cosa, se nos ocurren cientos de tonterías, nuestras tonterías.
Me gusta pasar tiempo contigo, y pensarás, es normal, no? estamos juntos... Sí, pero es más que eso. Si te digo la verdad, no te veo como un novio normal, tampoco como un amigo con derecho a roce. Eres más que eso, no sabría describirlo. A veces pareces mi mejor amigo y a veces nos ponemos los dos en plan puke raimbows, eso es lo que me gusta de ti, saber sacar lo mejor de cada momento, saber combinar lo mejor de la personalidad de cada uno. Eso, y nuestra complicidad, el parecer que siempre estamos pensando lo mismo en el mismo momento.
Ña?
jueves, 22 de marzo de 2012
sábado, 3 de marzo de 2012
Sueño...
Miro al cielo, ¿qué será esa sombra negra? Se ve lejos, volando, ¿será un pájaro? Eso parece. Poco a poco se va acercando a mí. ¿Qué hago? No me muevo, estoy aquí para contemplar el cielo, eso incluye sus habitantes. La sombra se va convirtiendo poco a poco en un par de alas, con cuerpo negro, pico negro y patas con garras, surcando el cielo con gracia. Es un cuervo, pero creo que no es un cuervo normal, no parece normal. Vuela por encima de mi cabeza, parece feliz de poder surcar el cielo a su antojo. Cada vez baja más, dando vueltas, planeando con el viento, despacio... pero cuando parece que va a posarse sobre el suelo, vuelve a alzar el vuelo rápido en dirección a alguna de las pocas nubes que se ven, y cuando ya vuelve a ser una simple sombra negra, vuelve a planear con el viento.
No se cuantas veces ha hecho ese movimiento, una, dos tres, cincuenta, cien, ciento diez... Ahora baja otra vez, se posa en una roca cerca de mí y me mira con sus ojos verdes llenos de curiosidad, raros ojos para un cuervo. Espero a que pase algo, yo le miro, él me mira, pero nada cambia. Al final me animo a acercarme a él, poco a poco voy abandonando la roca donde estaba sentada, y me doy cuenta de que aquí solo hay eso, rocas, rocas hasta donde alcanza la vista, rocas rocas grandes y rocas pequeñas. No me había dado cuenta hasta ahora del paisaje que me rodeaba, absorta en el azul del cielo y su mancha negra, pero me da igual, ahora solo quiero acercarme al cuervo. Él solo me mira desde otra roca parecida a la mía, a unos veinte pasos desde donde estaba, pero una fuerza singular me atrae hace él. Dejando atrás toda física, mis pies se mueven solos hacia él, y se paran misteriosamente a unos dos pasos de su roca. Nos miramos, sonreímos, se que está sonriendo, cualquier persona diría que los cuervos no sonríen, pero yo sé que este no es como los otros cuervos, este es especial, tiene algo que me resulta familiar.
Me sumerjo en sus ojos verdes y él alza el vuelo. Puedo sentir lo que piensa, lo que hace, ya no estoy tocando el suelo, ahora vuelo con él, ahora sé quien soy, ahora sé que somos uno. Solo vuelo, vuelo contigo, vuelo conmigo, vuelo con el cuervo, con mi cuervo. Igual que con las bajadas y subidas del cuervo antes, tampoco sé cuanto tiempo estuve volando, segundos, minutos, horas, días... pero de repente todo cambió, ya no estaba surcando el cielo, ya no había rocas en el firmamento, en su lugar ahora estaban unas cuentas camisetas y unos cuantos pantalones sobre un suelo de madera en vez de tierra, un cielo blanco de yeso y pintura en vez de el azul de un gran firmamento limpio. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hago en mi cuarto? ¿Dónde están las rocas y el cuervo? No me gusta esta sensación, es como si me acabaran de arrebatar algo muy preciado, algo que nunca volveré a sentir. Cierro los ojos e intento recordar una y otra vez esa sensación con la esperanza de no olvidarla nunca, pero cada vez es más débil. Desisto, creo que voy a dejar de intentarlo. ¿Qué hora es? ¿Qué se supone que tenía que hacer yo hoy? Busco algún reloj, pero no veo ninguno. Me asomo a la ventana a ver si puedo guiarme por la luz de sol y allí está, recortándose sobre el cielo azul de una tarde clara, mi cuervo negro de ojos verdes. Sonrió para mi misma, ya nada volverá a ser igual.
No se cuantas veces ha hecho ese movimiento, una, dos tres, cincuenta, cien, ciento diez... Ahora baja otra vez, se posa en una roca cerca de mí y me mira con sus ojos verdes llenos de curiosidad, raros ojos para un cuervo. Espero a que pase algo, yo le miro, él me mira, pero nada cambia. Al final me animo a acercarme a él, poco a poco voy abandonando la roca donde estaba sentada, y me doy cuenta de que aquí solo hay eso, rocas, rocas hasta donde alcanza la vista, rocas rocas grandes y rocas pequeñas. No me había dado cuenta hasta ahora del paisaje que me rodeaba, absorta en el azul del cielo y su mancha negra, pero me da igual, ahora solo quiero acercarme al cuervo. Él solo me mira desde otra roca parecida a la mía, a unos veinte pasos desde donde estaba, pero una fuerza singular me atrae hace él. Dejando atrás toda física, mis pies se mueven solos hacia él, y se paran misteriosamente a unos dos pasos de su roca. Nos miramos, sonreímos, se que está sonriendo, cualquier persona diría que los cuervos no sonríen, pero yo sé que este no es como los otros cuervos, este es especial, tiene algo que me resulta familiar.
Me sumerjo en sus ojos verdes y él alza el vuelo. Puedo sentir lo que piensa, lo que hace, ya no estoy tocando el suelo, ahora vuelo con él, ahora sé quien soy, ahora sé que somos uno. Solo vuelo, vuelo contigo, vuelo conmigo, vuelo con el cuervo, con mi cuervo. Igual que con las bajadas y subidas del cuervo antes, tampoco sé cuanto tiempo estuve volando, segundos, minutos, horas, días... pero de repente todo cambió, ya no estaba surcando el cielo, ya no había rocas en el firmamento, en su lugar ahora estaban unas cuentas camisetas y unos cuantos pantalones sobre un suelo de madera en vez de tierra, un cielo blanco de yeso y pintura en vez de el azul de un gran firmamento limpio. ¿Qué ha pasado? ¿Qué hago en mi cuarto? ¿Dónde están las rocas y el cuervo? No me gusta esta sensación, es como si me acabaran de arrebatar algo muy preciado, algo que nunca volveré a sentir. Cierro los ojos e intento recordar una y otra vez esa sensación con la esperanza de no olvidarla nunca, pero cada vez es más débil. Desisto, creo que voy a dejar de intentarlo. ¿Qué hora es? ¿Qué se supone que tenía que hacer yo hoy? Busco algún reloj, pero no veo ninguno. Me asomo a la ventana a ver si puedo guiarme por la luz de sol y allí está, recortándose sobre el cielo azul de una tarde clara, mi cuervo negro de ojos verdes. Sonrió para mi misma, ya nada volverá a ser igual.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
