Háblame del tiempo, de las noticias, de tu trabajo.
Háblame y dime lo bien que me queda mi nuevo corte de pelo.
Háblame de lo poco que te gustan los lunes o de lo mucho que te gustan los martes.
Háblame por teléfono, por Facebook o a través de aves mensajeras.
Háblame de café por las mañanas y de mantas por la noche.
Háblame al oído o grítame.
Háblame de armarios vacíos y maletas llenas.
Háblame para pedirme que te hable.
Háblame o cántame una canción de la que luego no te acuerdes de la letra.
Háblame extrañando nuestros buenos ratos.
Háblame de los besos que le das al aire sin sentido.
Háblame de lo que hayas comido.
Háblame de tus planes de irte a Suecia en un futuro.
Háblame de la película que viste ayer con tus amigos.
Háblame de lo que sea, pero háblame.